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  • La tumba vacía de Jesús

    Por Gary R. HabermasUn desarrollo inquietante en la investigación teológica reciente es que una fuerte mayoría de los académicos críticos contemporáneos parecen apoyar, al menos hasta cierto punto, la idea de que Jesús fue enterrado en una tumba que subsecuentemente fue descubierta vacía.  Me referiré a algunos de los más de 20 argumentos que se han citado a favor de la tumba vacía.

    Argumentos Más Importantes Acerca de La Tumba Vacía

    (1) Quizás el argumento más fuerte a favor de la tumba vacía está relacionado con su ubicación y los eventos alrededor de ésta. Los relatos de los Evangelios declaran unánimemente que Jesús fue enterrado en una tumba localizada en Jerusalén. Pocos críticos cuestionan esto, creyendo que Jesús murió y fue enterrado en la ciudad. La mayoría también coincide en que la predicación de los primeros cristianos tuvo lugar allí, dando origen al nacimiento de la iglesia.


    Pero ya que precisamente la tumba de Jesús se localizaba cerca de allí, tenemos un problema si es que no se encontraba vacía. A menos que la tumba de Jesús estuviera desocupada, los primeros cristianos que predicaron hubieran sido rechazados inmediatamente.  ¿Cómo podría predicarse que Jesús fue levantado de entre los muertos si este mensaje era confrontado directamente por un cuerpo en descomposición? Exponer el cuerpo inmediatamente hubiera invalidado el mensaje y sería una prueba de descrédito para el cristianismo antes de que tuviera algún auge. Por tanto, Jerusalén sería el último lugar en el que las enseñanzas de los cristianos tendrían respuesta a menos que la tumba de Jesús estuviera vacía. Una visita dominical por la tumba podría aclarar la situación de una u otra manera.

    Una respuesta creativa pudiera ser el afirmar que quizás el cuerpo sí estaba en la tumba, pero que, poco tiempo después, el cuerpo se hizo irreconocible debido a su descomposición. O quizás la tumba estaba aún cerrada sin ser abierta para su inspección.1 Pero estos cuestionamientos fallan al enfocarse en el punto de que los cristianos predicaban que la tumba estaba vacía. Por tanto, si se encontró un cuerpo en la tumba de Jesús, ya sea el suyo o el de otra persona, o si aún se encontraba cerrada, esto hubiera contradicho la enseñanza de que estaba vacía. En Jerusalén, el error hubiera sido expuesto muy rápidamente.

    (2) El argumento más mencionado en apoyo a los relatos Evangélicos es la unanimidad en el hecho de que las mujeres fueron los primeros testigos de la tumba vacía. Aunque no es estrictamente cierto que las mujeres estuvieran incapacitadas para testificar en un juicio legal, era claro el caso de que había un gran prejuicio contra el uso de testimonios femeninos en la aclaración de asuntos importantes.2

    Sin importar esta postura, los relatos Evangélicos insisten en su postura de que las mujeres fueron los testigos estelares de la tumba vacía. Pero ¿por qué los escritores debieron haber resaltado el testimonio femenino a menos que las mujeres fueran realmente las primeras en descubrir el hecho? Hacer esto debilitaría su caso considerablemente ante los ojos de la mayor parte de la audiencia. Dada la situación en el primer siglo en Palestina, sólo podemos concluir que los autores de los evangelios estaban claramente convencidos de que las mujeres descubrieron la tumba vacía. Estaban más interesados en informar la verdad que en evitar las críticas a sus informes. Este argumento es ampliamente reconocido y pocos estudiosos lo desacreditan, lo cual le da aún más fuerza.

    (3) Aunque los relatos de la tumba vacía en los evangelios son posteriores a los escritos de Pablo, es de crucial importancia que el testimonio de la tumba vacía fue corroborado por muchos testigos. En otras palabras, sin importar qué perspectiva de los orígenes de los evangelios tomemos, las narrativas de la tumba vacía surgen de más de una fuente independiente. De hecho, los estudiosos piensan que podría haber tantas como tres o cuatro tradiciones independientes en los Evangelios, lo cual fortalece grandemente la posibilidad de que los informes son tanto recientes al hecho como históricos. Además de la ubicación en Jerusalén y el testimonio de las mujeres, creo que éstos son los mejores argumentos a favor de la tumba vacía.(4) La mayoría de los académicos recientes parecen coincidir en que, aunque Pablo no menciona explícitamente la tumba vacía, la tradición antigua de que este apóstol informó a otros en 1 Corintios 15:3-4 implica que existía una tumba vacía. El orden del contenido de los Evangelios se mueve de la muerte de Jesús, a su entierro, a su resurrección de los muertos y a sus apariciones. Esta secuencia sugiere fuertemente que, aunque haya sido transformado, el cuerpo de Jesús que murió y fue sepultado es el mismo que fue levantado después de esto. Por tanto, lo que se colocó en la tierra fue precisamente lo que emergió de ella, En breve, lo que bajó fue lo mismo que subió. Este proceso resultaría en el hecho de que el sitio de la sepultura quedó vacío.El que Pablo no mencione específicamente el sepulcro vacío evita que este argumento sea considerado un punto fuerte, como podría serlo.  Empero, el decir claramente que el cuerpo muerto de Jesús fue sepultado, levantado, y que apareció con vida, sería un proceso extraño a menos que la tumba haya sido vaciada en ese proceso.(5) Muchos académicos también coinciden en que Hechos 13 puede muy bien contener otra tradición original, un sermón documentado que se incluyó en un libro que fue escrito posteriormente.  Este informe, encontrado en Hechos 13:29-31, 36-37, es atribuido a Pablo y enseña claramente que el cuerpo de Jesús fue depositado en una tumba. Y después fue levantado y apareció a sus discípulos sin presentar ninguna descomposición corporal. De ser así, aquí tendríamos un texto original en el que Pablo aún con más fuerza reconoce la tumba vacía, porque Jesús apareció y su cuerpo no había experimentado ninguna descomposición.(6) De acuerdo con los informes que encontramos en Mateo 28:11-15, Justo Mártir3 y Tertulio4, por casi dos siglos o aun más tiempo, los líderes judíos trataron de explicar que la tumba estaba vacía por que los discípulos de Jesús robaron Su cuerpo. ¡Esto significa que la jerarquía judía reconocía el hecho de que el cuerpo de Jesús ya no se encontraba en la tumba!Sin embargo, hasta los escépticos reconocen libremente que la explicación de los líderes judíos era excepcionalmente débil. Por ejemplo, si los discípulos de Jesús robaron su cuerpo, ¿cómo debemos asimilar la increíble transformación que sufrieron, como dejar a sus familias por años, al igual que a sus trabajos, e incluso su propia paz, todo por el derecho a ser perseguidos durante décadas por el Imperio Romano, sólo para poder predicar un mensaje que ellos mismos sabían que era un cuento falso? Más aún, ¿cómo se explica su disposición a morir por lo que ellos sabían que era una falsa proclamación de la resurrección de Jesús? Inclusive, ¿cómo se explicaría el relato de la conversión de Santiago, el hermano de Jesús, quien había rechazado anteriormente el mensaje de Jesús? También perderíamos toda justificación convincente para la conversión de Pablo del judaísmo. Entonces, con el objetivo de proporcionar una alternativa claramente inverosímil ¡los líderes judíos incluso admitieron que la tumba estaba vacía!(7) Debe mencionarse la tesis académica de N.T. Wright5 y otros.  En el mundo antiguo -los escritos paganos, judíos o cristianos- de hasta el segundo siglo de nuestra era, estaban en completo acuerdo de que la noción de la resurrección era claramente un concepto relativo al cuerpo. De hecho, casi no existen excepciones a este punto de vista antiguo de que el ser resucitado era un hecho que, si alguna vez ocurrió, le acontecía sólo al cuerpo.  Y este significado prevaleció a través del relato del Antiguo Testamento y los Evangelios, así como en los escritos de Pablo y el resto del Nuevo Testamento concerniente a Jesús.  Esto indicaría que la resurrección de Jesús fue concebida de manera muy consistente, haciendo necesario que la tumba estuviera vacía.6

    Conclusión:

    Éstas son algunas de las razones por las cuáles la inmensa mayoría de los académicos contemporáneos reconocen el hecho de la tumba vacía. Aunque también existen otros argumentos que pudieran ser revisados. Es por esto que el historiador Michael Grant concluye que "el historiador… . . no puede justificablemente negar el hecho de la tumba vacía" porque si aplicamos el mismo criterio histórico usado en otros eventos, luego, "la evidencia es suficientemente firme y plausible para concluir que la tumba realmente estaba vacía."7

    A la luz de los argumentos que hemos presentado, la conclusión parece difícil de ser evadida. La aplicación normal de las reglas históricas a los diversos datos indica que, justo después de su muerte, la tumba de Jesús fue encontrada vacía.

    Notas Finales


    1 En relación a la sugerencia de que Jesús nunca fue enterrado en una tumba, vea las nueve críticas enlistada por Gary R. Habermas, The Historical Jesús: Ancient Evidence for the Life of Christ (Joplin, MO: College Press, 1996), pags. 127-129.


    2 Una excelente discusión de estos puntos es presentada en Carolyn Osiek, "The Women at the Tomb: What are they Doing There?" Ex Auditu, Vol. 9 (1993), pág. 97-107.

    3 Dialogue with Trypho 108.


    4 On Spectacles 30.

    5 The Resurrection of the Son of God (Minneapolis: Fortress Press, 2003).

    6 Wright, pags. 32-479, especialmente pags. xix, 31, 71, 82-83, 201-206, 273, 314, 710.

    7 Michael Grant, Jesus: An Historian's Review of the Gospels (New York: Macmillan Publishing Co., 1992), p. 176.

     

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